
Desde el punto de vista de Sthephany
Conocí a Seth en junio de 2016. Yo estaba en mi último año en East High School en Green Bay, Wisconsin. En ese momento me pidieron ser la manager del equipo varsity de fútbol americano. Acepté feliz, aunque no tenía idea de qué implicaba, ni que allí conocería a la persona con la que me iba a casar y pasar el resto de mi vida.
Durante tres meses, todos los días del verano, y créanme que hacía calor y mucho sol, filmé a Seth mientras practicaba recibir el balón del quarterback como fullback del equipo. Yo no tenía idea de qué estaba filmando. Solo recuerdo oprimir start y stop una y otra vez durante horas mientras el hombre con el que me casaría atrapaba el balón y volvía a acomodarse.
Yo no tenía idea de qué estaba filmando, ni que allí conocería a la persona con la que me iba a casar.
No fue sino hasta agosto que tuve mi primer encuentro verbal con él. Se había lastimado durante una práctica, y decidí ofrecerle mi comida de Green Tea porque me dio pesar el pobre jugador lesionado. Si lo conocían en ese entonces, saben lo picky que era. Me miró raro y dijo: No, gracias. Después supe que no estaba bravo conmigo; estaba preocupado porque pensó que realmente estaba lesionado, y no lo estaba.
Pasaron los meses y nuestras conversaciones eran muy breves. Al fin y al cabo, yo era solo la manager del equipo.
Un año después, en septiembre de 2017, empezaron a invitarme a reuniones para ver los partidos de los Packers con un grupo de chicos del equipo, y empecé a ir. Poco a poco, el Seth callado y tímido que muchos conocen empezó a salir de su caparazón.
Un día, mientras llevaba a los chicos de regreso a sus carros después de ver un partido de los Packers, miré por el retrovisor y ahí estaba. Seth seguía sentado en el asiento de atrás de mi carro. Sorprendida, le pregunté si necesitaba algo y por qué seguía ahí si todos los demás ya se habían bajado. Me dijo que su carro no estaba en la misma zona y me preguntó si podía llevarlo unas cuadras más adelante.
Si saben algo de mí, saben que odio los silencios incómodos, así que la primera pregunta que se me ocurrió fue: ¿Entonces, tienes novia? Seth respondió que estaba hablando con una chica del colegio. Le pregunté cómo se llamaba y dijo Natalia. Inmediatamente supe quién era, porque era otra chica de Colombia, de mi ciudad, que conocía a mi familia.
Pasaron las semanas y seguimos en contacto. Su relación terminó, y también la mía. Seguimos como amigos. Yo empecé la universidad en septiembre de 2017, y Seth empezaba su tercer año de high school.
Él empezó a ir a mi casa, y yo no lo podía creer. De verdad siguió todas las millones de reglas que yo tenía sobre cómo ser correcto y respetuoso en una casa hispana, cómo saludar a mis papás, sí, despertarlos si estaban dormidos aunque fuera incómodo para él, y cómo tenía que fingir que le gustaba la comida que preparaban y por lo menos tragársela.
A pesar de lo picky que era para comer en ese momento y de su falta de ser hispano, porque al fin y al cabo es un white boy de Wisconsin, mis papás terminaron queriéndolo, y él también siguió regresando a mi casa. Me sorprendió bastante.
Y así fue. Nos fuimos acercando más y más cada día, y el 24 de junio de 2018 me llevó al Bay Park Square Mall, me compró un Build-A-Bear y me pidió que fuera su novia.
Desde septiembre de 2017 no hemos pasado ni un día sin hablar. Me mudé a Milwaukee en 2021, y tuvimos una relación a distancia mientras él terminaba su pregrado en Green Bay. Después se mudó a Milwaukee, vivimos juntos por tres años y luego se mudó a St. Louis para estudiar optometría.
Desde septiembre de 2017 no hemos pasado ni un día sin hablar.
Actualmente estamos en una relación a distancia, pero cada día que hablamos por teléfono nos recuerda lo perfectos que somos el uno para el otro y cuánto nos amamos.
El 11 de enero de 2026, Seth me propuso matrimonio junto al lago en downtown Milwaukee. Por supuesto dije que sí. No puedo esperar para casarme con mi otra mitad. Es el mejor hombre que una mujer podría pedir, y estoy muy emocionada de continuar nuestro camino juntos.
Ah, y si se lo preguntaban, Seth fue quien eligió que tuviéramos nuestra boda de destino en Colombia. Él ama Colombia y ha abrazado ser colombiano desde los primeros días en que lo conocí, especialmente después de que lo llevé a Colombia por primera vez en 2019.


Seth habla español, escucha salsa, cumbia, urbano-pop, rap y de todo un poco, y no pierde oportunidad de ponerse una de sus muchas camisetas de fútbol de Colombia. Amo eso de él, su amor por mi país de nacimiento y su aceptación de mi cultura.

Gracias por leer nuestra historia de amor hasta este punto. Espero que puedan acompañarnos mientras seguimos escribiendo el próximo capítulo de nuestras vidas al celebrar nuestro matrimonio.
Amo eso de él, su amor por mi país de nacimiento y su aceptación de mi cultura.
Desde el punto de vista de Seth
Al momento de escribir esto, ya ha pasado una década desde que conocí a Stheph por primera vez. Por lindo que suene, en realidad no la conocía hace diez años. En ese momento de mi vida, el fútbol americano lo era prácticamente todo para mí. Sabía que nuestro equipo de high school tenía algunas “managers”, pero no las conocía más allá de saber que nos filmaban durante las prácticas (las grabaciones de los partidos no eran ni de cerca igual de buenas…). Sin embargo, durante una de nuestras prácticas de verano recibí un golpe de casco en la rodilla y me la hiperextendí. Eso me relegó a ver el resto de la práctica desde una camilla de tratamiento que habían sacado al campo. Yo, sentado solo con los pies quemados por el sol, estaba furioso en silencio porque, en ese entonces, odiaba cualquier cosa que me alejara del deporte que tanto amaba. Sin embargo, durante un descanso las managers me ofrecieron comida, y esa fue mi primera interacción verdadera con mi futura esposa.
Como dice el cliché, éramos dos barcos que se cruzaban en la noche. Fuera de ese encuentro, no hablamos realmente hasta un año después. Una vez más, el fútbol americano estuvo en el centro de nuestro reencuentro. Yo estaba en mi tercer año de high school y ella en su primer año de universidad. Ella salía con otro jugador del equipo (¡oh, no!) y asistía a todos los partidos. Desafortunadamente, me rompí la mano durante un partido el día del cumpleaños de mi papá. En el partido de la semana siguiente, su novio no se tomó una foto con ella, pero yo sí, aunque no estaba jugando. Ella y el otro chico terminaron poco después porque, al parecer, no eran compatibles. En fin… todavía tengo la foto de mí con mi triste mano rota y esta chica realmente linda, aunque en ese momento solo fuera una amiga.
Más tarde ese otoño, fui a la casa de sus papás para pasar el rato y ver Finding Nemo. Aunque fue muy divertido, había (para mí) todas estas reglas locas. Recuerdo que tenía que saludar y abrazar a cada persona, y hacer lo mismo al irme, sin importar la hora ni lo ocupados que estuvieran. Creo que al principio esto era en inglés, pero rápidamente pasó a ser en español, del cual yo apenas sabía lo más básico. A pesar de lo obviamente incómodo que debí verme haciendo todo esto, sus papás parecían pensar que yo estaba bien. Probablemente habría hecho cualquier cosa que me pidieran porque lo único que quería era pasar tiempo con ella. Durante esos meses, ella me consentía mucho, probablemente por mi mano rota, y nuestra amistad creció.
En junio del año siguiente, tuvimos nuestra primera cita oficial y formalizamos la relación. Desde ese momento, estuve completamente entregado. Ella me apoyó durante el resto de high school y luego durante la universidad. Parecía que en esa época la gente iba y venía, pero ella siempre fue mi ancla. Fue la primera vez que alguien realmente me impulsó a ser más de lo que era. He crecido muchísimo como persona y siento que Stheph es la razón principal de eso. Si no fuera por ella, probablemente seguiría en Green Bay en vez de estar en Saint Louis persiguiendo mis sueños profesionales.

Quiero agradecerle a mi futura esposa por haberme abierto las puertas a todo lo que hoy amo. Gracias a ella he conocido nueva comida, música, cultura y lugares. Juntos tenemos una hija de 4 años llamada Lyla (perra, no humana) a quien amo más de lo que puedo explicar. A pesar de la distancia que ahora nos separa, sé que el hogar es donde sea que podamos estar juntos. No podría imaginar mi vida sin ella y soy una mejor persona por todo lo que ella ha hecho.

